La primera ola de calor de mayo ha marcado la producción en las parcelas que estaban en floración, especialmente en zonas de campiña, como Mengíbar, Villanueva de la Reina, Espeluy o Guarromán, ya que la flor se ha quemado y no ha quedado nada. Esta ola de calor del mes de junio ha afectado a algunas parcelas de zonas de sierra que florecen más tarde.
Aunque, este año hay que hablar no tanto de zonas como de parcelas, porque hay zonas donde una parcela no tiene nada y otra sí. Hay parcelas con olivares agotados tras haber tenido buena cosecha años anteriores y no poder recuperarse por el estrés hídrico, y otras que se encuentran en mejor situación.
En lo que se refiere al olivar de riego, a la sequía se une las bajas dotaciones de agua para riego, y el desorbitado aumento del precio de la electricidad que encarece los riegos. Por poner un ejemplo, una reducción de dotación de agua del 40% en el riego del olivar supone, como mínimo, una reducción del 20% de cosecha. A pesar de que el olivo es un árbol muy resistente.
Técnicos de la organización aconsejan a los regantes que se marquen una estrategia de riego, ya que el olivo tiene momentos clave como septiembre u octubre, y hay gente que está regando mucho al ver las hojas del árbol amarillas. El consejo es dejar dotación de agua y recursos para cuando llegue el momento clave del olivo y poder salvar la producción del año, si no llueve, ya que hay mucho estrés hídrico y el verano es muy largo.